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VITICULTURA · CONCA DE BARBERÀ · VENDIMIA 2026

Martí Magrinyà: «Los vinos de 2026 serán buenos, pero el calor ha dejado huella en las viñas»

Redacció WeTrepatCrónica de vendimia
Martí Magrinyà, enòleg, dret entre els ceps d’una vinya amb raïm durant la verema
Martí Magrinyà, enólogo del Celler Mas de la Creu, en la viña. La vendimia de 2026 ha estado marcada por un verano de temperaturas extraordinariamente altas.

El enólogo analiza una vendimia marcada por las temperaturas extremas y el adelanto de la maduración de la uva. Pese a los efectos del calor, prevé una añada de vinos con cuerpo, volumen y madurez, especialmente en los tintos, y alerta de las consecuencias del cambio climático para la viticultura de secano de la Conca de Barberà.

La vendimia de 2026 ya es historia y, como ocurre casi cada año, el sector vitivinícola vuelve a hablar de una cosecha excepcional. Pero ¿hasta qué punto se puede seguir calificando de excepcional una añada si esa expresión se repite de forma sistemática? Es una de las reflexiones que plantea Martí Magrinyà, enólogo del Celler Mas de la Creu, de l’Espluga de Francolí, al hacer balance de la campaña de este año.

Con una mirada crítica, fruto de la experiencia y del conocimiento del territorio, Magrinyà cuestiona algunos de los discursos habituales del sector, pero reconoce que esta vez sí hay motivos para hablar de excepcionalidad. No tanto por la calidad del vino, sino por las condiciones meteorológicas que han acompañado el ciclo vegetativo de la viña y por el adelanto del calendario de maduración.

Su análisis combina dos realidades aparentemente contradictorias: unas viñas sometidas a un calor cada vez más intenso y unos vinos que, a pesar de todo, prometen una calidad notable.

Un verano históricamente cálido

Las observaciones de Magrinyà sobre el calor vivido en las viñas encuentran un reflejo claro en los datos meteorológicos oficiales.

Según el Servei Meteorològic de Catalunya, el verano de 2026 ha sido el más cálido registrado en el país, por delante de los de 2022, 2003 y 2025, que ya habían alcanzado valores extraordinarios. En más del 80% del territorio catalán, la temperatura media de los meses de junio, julio y agosto ha superado en al menos 3 °C la media climática de referencia del periodo 1991-2020.

Julio ha sido especialmente significativo: ha sido el más cálido de la serie histórica catalana, con anomalías que han superado los cinco grados en algunos sectores. El calor tampoco terminó con agosto. Septiembre volvió a batir récords y se convirtió en el más cálido registrado en Cataluña, con un episodio excepcional entre los días 1 y 8.

Para Magrinyà, esta acumulación de calor explica buena parte del comportamiento de las viñas durante la campaña.

Después de un enero frío, febrero y marzo dieron paso a temperaturas más suaves y, a partir de la primavera, el calor se convirtió en el gran protagonista. Los episodios extremos de julio, agosto e incluso septiembre sometieron a las plantas a unas condiciones que el enólogo describe como casi infernales.

Pese a esta situación, Magrinyà destaca la sorprendente capacidad de resistencia de las cepas. Una característica que sigue maravillando incluso a los profesionales que, como él, llevan años trabajando con la viña y el vino.

En la Conca de Barberà, esta resistencia adquiere una importancia especial. Buena parte de la viña se cultiva en secano y depende del agua que la planta puede aprovechar del suelo. La persistencia de temperaturas elevadas incrementa el estrés hídrico y puede condicionar tanto la cantidad de uva producida como sus características enológicas.

Unos vinos menos aromáticos, pero con más estructura

Pese a las dificultades de la campaña, el balance cualitativo que hace el enólogo del Celler Mas de la Creu es positivo.

A partir de las primeras catas de los vinos recién elaborados, Magrinyà considera que la añada de 2026 puede ofrecer resultados superiores a los de 2025, sobre todo en el caso de los tintos.

El calor, sin embargo, habrá dejado una huella característica en el perfil de los vinos.

Según explica, las elevadas temperaturas durante el proceso de maduración han perjudicado su expresión aromática. En consecuencia, prevé vinos con una intensidad aromática más discreta, pero con unas cualidades gustativas especialmente destacadas.

En boca, las primeras catas muestran vinos maduros, amplios, densos y expresivos, con cuerpo y volumen. Magrinyà también subraya su redondez, una característica que atribuye en buena parte a la propia madurez de la uva, más allá de las intervenciones que pueda hacer el enólogo durante la elaboración.

Esta combinación de menor intensidad aromática y más estructura podría convertirse en uno de los rasgos distintivos de los vinos de la cosecha de 2026, aunque habrá que esperar a su evolución y a la crianza antes de poder hacer una valoración definitiva.

La calidad del vino no es patrimonio exclusivo de los climas frescos

La experiencia de esta vendimia también lleva a Magrinyà a cuestionar algunos de los principios que marcaron la formación de varias generaciones de enólogos.

Recuerda que, durante sus años de estudio en Tarragona, la enseñanza de la enología estaba fuertemente influida por los modelos franceses, que vinculaban los grandes vinos con las condiciones propias de los climas frescos.

La realidad de la viticultura mediterránea, sin embargo, ha ido demostrando que la calidad no depende exclusivamente de ese factor.

Los conocimientos actuales sobre el cultivo de la viña, las variedades, el territorio y las técnicas de elaboración permiten producir vinos de gran calidad en contextos climáticos muy diferentes.

La vendimia de 2026 es, según Magrinyà, una nueva muestra. Pese a haberse desarrollado bajo unas temperaturas excepcionales, los primeros resultados apuntan a una añada de buena calidad.

Eso no significa, sin embargo, que las temperaturas extremas sean beneficiosas para la viña. El calor excesivo puede comprometer la acidez, los compuestos aromáticos y el equilibrio de la uva, aunque determinadas condiciones de maduración favorezcan la concentración y la estructura de los vinos.

La Conca de Barberà ante el reto climático

Más allá de las características organolépticas de la cosecha, la principal preocupación de Magrinyà es el futuro de la viticultura en un contexto de calentamiento global.

El enólogo pone especialmente el foco en las viñas de secano, predominantes en la Conca de Barberà y muy extendidas en las comarcas tarraconenses.

Estos cultivos son especialmente sensibles a la combinación de calor persistente, episodios de sequía e irregularidad de las precipitaciones. La capacidad natural de adaptación de las cepas les permite resistir situaciones adversas, pero también tiene límites.

El aumento sostenido de las temperaturas puede seguir acelerando los calendarios de maduración y obligar a adaptar las prácticas vitícolas. La orientación de las plantaciones, la protección de la uva frente a la radiación solar, la gestión de la cubierta vegetal y la conservación de la humedad del suelo son algunos de los aspectos que adquieren una importancia creciente.

Pero, para Magrinyà, el problema va mucho más allá de las adaptaciones que pueda hacer individualmente cada viticultor.

Su reflexión final contiene una crítica a la distancia que a menudo separa los discursos institucionales sobre sostenibilidad de las acciones concretas de los gobiernos. Considera que la emergencia climática representa una amenaza real y que afrontarla requiere cambios de fondo, tanto en los hábitos de consumo como en las políticas públicas.

La paradoja de poder ir a la playa después de la vendimia

Fiel a su tono irónico, Magrinyà acaba encontrando una pequeña ventaja en medio de este escenario preocupante.

Tradicionalmente, la llegada de la vendimia marcaba también el final del verano. Cuando los enólogos terminaban las intensas semanas de trabajo en la bodega, las temperaturas ya habían empezado a bajar y el buen tiempo quedaba atrás hasta el año siguiente.

Ahora, con unos veranos que parecen alargarse cada vez más, todavía es posible terminar la vendimia y seguir disfrutando de días de playa.

Es una paradoja que el enólogo plantea con humor, pero que resume bien las contradicciones de la situación actual.

La vendimia de 2026 dejará probablemente buenos vinos, en especial tintos maduros, estructurados y con volumen. Pero también dejará el recuerdo de unas viñas obligadas a resistir un calor extraordinario.

El reto, de cara a los próximos años, no será solo seguir elaborando buenos vinos, sino conseguir que las viñas puedan seguir produciéndolos en un entorno climático cada vez más exigente.

Y quizá, como sugiere Magrinyà, habría que empezar a desear que los próximos veranos fueran un poco menos excepcionales.

Fuentes y datos meteorológicos

Los datos que contextualizan el artículo proceden de las publicaciones oficiales del Servei Meteorològic de Catalunya, en especial el balance del verano publicado el 19 de octubre de 2026.

Conclusión del Sumiller

El Trepat no es una moda: es la respuesta mediterránea en la búsqueda de frescura, baja graduación y terruño sincero.